Aquel día cuando soñaba con ser mayor no imaginé ni la mitad de lo que eso significaba. En mi vida pensaba que habría momentos tan complejos como para llorar o momentos tan felices como para desear que el tiempo se parase. Crecer es vivir, pero de una manera intensa, conociendo poco a poco el mundo que nos espera algún día. El problema viene cuando no es posible enfrentarse al miedo, a lo que desconocemos todavía y al dolor. Suelen decir que me queda toda una vida por delante, no a mí, a todos. Persigo un sueño que se difumina en el pensamiento cada vez más rápido y parece que nunca seré capaz de comprender el porqué, no solo de mi sueño esfumado, sino de todo lo que me rodea. Soy incapaz de aceptar que existan y ocurran tantísimas cosas en este dichoso planeta que cuando me detengo a pensar en mí misma me odio por llorar, por sufrir viendo como algo que debo perseguir, se marcha. Somos así, no sabemos quiénes somos, ni lo que somos, a veces ni de dónde venimos, pero sabemos dónde estamos y dónde no. Por eso, es horrible sentir dolor cuando no conocemos de verdad lo que es.
Sin el esfuerzo no llegará, nunca. Nada.
“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

Sé que llegarás. Y te diré por qué: pura lógica. Alguien que desea tanto algo, así, simplemente no puede no alcanzarlo. Tu pasión y tenacidad te llevarán allí donde quieras estar.
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