A veces parece más difícil de lo que en realidad es...
De aquí a África... Ni siquiera es tanto lo que nos separa, pero esta vez te pediré algo.
Una vez me dijiste que los mejores recuerdos estaban en la mente y jamas he podido olvidar eso. Desde entonces siempre guardé la esperanza de que tú tuvieses todos esos recuerdos que yo tengo gracias a ti, no consiento nada parecido a que alguien pueda olvidar una pieza fundamental de su vida, pero en esta ocasión y a pesar del dolor que causa solo imaginarlo, he pensado que quizás ya no soy lo que era, que me he hecho mayor y crees que ya no te necesito y he tenído miedo por si tarde o temprano olvidabas algo.
Solo podía esperar que tú, tal y como yo hago, recordases cada día lo que fueron aquellos otros días, aquellos en los que tú eras lo mejor que tenía, el mejor amigo en el que confiar, el todo que sustentaba mi vida. Tenía esa esperanza de que, al igual que yo, cuando llegaba el momento de decir adiós, deseases con todas tus fuerzas que el tiempo no pasara, porque supongo que nunca supe como decirte adiós sin una lágrima, ni como ver a otras personas intentando imitar algo inigualable, tratando de ser tú, algo que nunca podrá ser posible. A veces me hubiera gustado que alguien llegase a ser quien eres, pero comprendí desde ese momento, que las personas son únicas, que pueden tener parecidos, pero que al fin y al cabo se trata de un imposible. Eso es lo que también tuve que aceptar de ti. Hubo un tiempo en el que todo cambió, en el que perdí la seguridad en mí misma y pensé que también había perdido la confianza que tenía en ti. Nunca pude perderla del todo, me he negado a pensar que no tienes en la mente estos últimos 17 años de tu vida, de mi vida. No he sido capaz tampoco, de castigarte. El rencor no existe cuando se trata de alguien a quien quieres por eso en mi silencio y el lo más profundo de mí te he perdonado. Hay personas que hacen daño sin intención alguna, hieren a personas que quieren, pero no demuestran más de lo que uno ve. Otras personas necesitan ese cariño que las hace fuertes día a día. Me acostumbre a no tenerlo de nuevo, a no tener siquiera palabras que pronunciar, incluso me acostumbre al silencio, al vacío.
Hoy soy lo que el mundo ve y soy diferente a como era cuando tenía la certeza de que tus recuerdos y los míos eran los mismos. Hoy soy lo que ves y no crees conocer. El tiempo ha pasado y aun así, sigo llevando aquella niña que conocías a la perfección, aquella que jamás supo decirte adiós. Hoy sigues siendo un todo, que pasa desapercibido y se ausenta durante días y meses, que desde África debe recordar lo que deja atrás cada vez que se va, pero que principalmente debe saber que siempre ocupará un importante lugar en los recuerdos que mi mente guarda.
Nunca supe cómo decirte adiós y creo que en algún momento romperemos ese silencio, entonces todo será como ser.
