viernes, 27 de enero de 2012

Algún día.

Las hojas que caen, el viento que juega con algunos mechones de su pelo, el aire fresco, el sol que a pesar de iluminar su rostro no le da calor. El otoño la abraza, ella se sienta en la hierba que está seca, es feliz, en su verdadero lugar.
Lo ha encontrado, después de tanto años buscando, ni el más recóndito lugar le había valido para esconderse...ya nada era suficiente, le hacía falta salir, explorar lo que nunca había visto, lo que jamás pensó que llegaría a conocer. Tuvo entonces la oportunidad, indagó por sí sola sobre todo aquello que llamaba su atención, fue curiosa y también valiente. No temía si al final de todo el camino fracasaba, sabía lo que quería y estaba decidida, no terminaría su búsqueda hasta sentirse mejor, y viva. Siguió siendo tenaz y perseveró, de tal modo que, cuando menos lo esperaba, apareció y contempló un futuro, el suyo propio.
Por primera vez, la joven se sentía parte de algo, pero lo que realmente hizo que su dicha fuera aún más grande y plena fue alcanzar su mayor logro, cumplir con la promesa que desde hacía años se había hecho a sí misma, consiguió saber cuál era su sitio, el lugar que realmente le correspondía, donde podía ser feliz siendo quien era ella.
Ahora disfrutaba del viento que soplaba, de los tonos marrones que la arropaban bajo la tenue y suave luz del sol, fruto todo de aquel otoño, tras el paso del verano, días de sol sobre los mapas que dirigían su ruta, la ruta de su nueva vida.


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